Este lunes 6 de junio, cuatro países del Medio Oriente rompieron relaciones diplomáticas con Qatar, en una escalada que aunque por ahora tan sólo es a nivel diplomático, podría tener consecuencias mayores si se deja avanzar sin ningún acuerdo. Arabia Saudita, Baréin, Egipto y Emiratos Árabes acusan a Qatar de apoyar al “terrorismo islámico”.

    

 
 
Qatar, un pequeño emirato con una alta riqueza en hidrocarburos, dice que esta decisión busca ponerlos bajo tutela para asfixiarlos económicamente. Es interesante lo que dice el profesor Alberto Rojas, del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae, consultado por el portal chileno Publimetro, quien expresa que la gravedad del episodio radica “en la medida que ocurre en una zona clave en términos de su importancia política y energética, aunque no es un hecho aislado. Ya en 2014 Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Baréin retiraron unilateralmente sus embajadores en Doha, lo que demuestra que este es un tema que se arrastra hace tiempo”.
 
Las medidas que tomaron los vecinos de Qatar, no sólo se limitan a la ruptura de las relaciones, sino que cerraron sus espacios aéreos y  los accesos terrestres y marítimos, afectando en gran medida al tráfico aéreo en la región, que es un conector vital entre Europa, Asia y África. Igualmente ni sus ciudadanos pueden viajar a Qatar ni permitirán la entrada de cataríes a sus territorios.
 
Aunque la crisis se dispara dos semanas después de la visita de Donald Trump a Arabia Saudita, no se cree que la primera potencia del mundo deje sola a Qatar, pues es de gran importancia la base aérea que desde allí mantiene Estados Unidos y que utiliza en su lucha contra el Estado Islámico.
 
En un primer vistazo que le damos a esta situación, encontramos que la primera reacción inmediata fue el alza del petróleo en medio punto porcentual. Ahora, en el mediano y largo plazo hay muchas consecuencias posibles, pues todo esto gira en torno a que Qatar ha tenido una relación que se ha acercado mucho más hacia Irán y se ha alejado de sus socios estratégicos históricos, como son sus vecinos del Golfo. Esto se está entendiendo como una especie de castigo, al aislar a Qatar para que se distancie de Irán, acrecentando al mismo tiempo la tensión entre Arabia Saudita e Irán, lo que puede desembocar en una tensión bélica y una discordia entre los países productores de la OPEP.
 
Entonces existen dos vertientes muy importantes que son totalmente diferentes: si simplemente quedan en una disputa diplomática, esto podría llegar a romper los acuerdos de las cuotas de producción y eso traería un aumento de la oferta en el mundo, causando una baja en los precios. Si esto escala a un nivel mayor y hay algún tipo de conflicto bélico en el Medio Oriente, esto llevaría a una escasez de la producción y exportación desde la zona e impactaría en la forma de un alza en los precios y eso puede ser algo que el mercado no está poniendo en una prima en este momento después de tener el impacto inmediato. Si eso llegara a pasar, el aumento en el barril de petróleo sería algo que no quiero ni proyectar.
 
La importancia de Qatar para el mercado petrolero es inconmensurable. Es el país con mayor renta per cápita del mundo, además es el mayor exportador mundial de gas natural licuado y posee un fondo soberano con intereses ubicados en empresas tan diversas como Volskwagen, Barclays o Tiffany & Co., tal como se puede ver en este cuadro hecho por Bloomberg con algunas de las inversiones a nivel mundial de este fondo catarí.

  

 
 
 
Consultado por Bloomberg, Tarek Fadlallah, consejero delegado de Nomura Asset Management Middle East, dijo que “van a haber consecuencias para la gente, los viajeros, los negocios. Más allá de eso, pone en perspectiva los riesgos geopolíticos. Dado que es un movimiento sin mayores precedentes, es difícil anticipar qué ocurrirá”.
 
En cuanto a Venezuela el análisis es relativamente sencillo. Obviamente que una escalada de este conflicto en Medio Oriente traería consecuencias, tanto a nivel de relaciones internacionales como a nivel económico y la consecuencia directa se reflejará en el precio del barril: si el petróleo baja, la crisis se mantendrá, pero si sube, Venezuela podría recibir unas divisas que no estaban en los planes.